Un huevo

TXT



Algo parecido al frío, un metal líquido se filtra por el interior de mis huesos. Sé que estoy en mi cama y sin abrir los ojos sé también que el mundo entero se ha desvanecido. Sólo queda este huevo blanquísimo a la deriva en el vacío y nada más. Pienso que estoy muerto, pero los muertos no piensan y tampoco sienten este hueco en el pecho cada vez más profundo.

Estoy desnudo y en posición fetal sobre la cama, a un lado esta la mesita de noche y su lámpara de luz ambarina. Y todo esto, la lámpara, la mesa, la cama y yo, estamos a la deriva sobre un huevo o algo que parece la superficie blanca de un huevo. Podría ser la luna, pero no, es un huevo.

Puedo ver todo esto con los ojos cerrados, aunque en realidad están abiertos y lucen opacos, como los ojos muertos de los pescados sobre las planchas de hielo de los supermercados.

Es una fotografía. Un hombre en una cama instalada sobre la superficie de un huevo, sus ojos helados miran la mesita de noche. Una imagen fija que alguien, quizá yo mismo, no puede dejar de observar; y de tanto observar, descubre algo que no notó anteriormente, y aunque sabe que es mejor mirar en otra dirección, que ahí no hay nada y que lo que comienza a descubrir es producto de su imaginación, y que es mejor dejar de mirar, no puede.

Así pues, él, yo, o quizá alguien más, enfoca la mirada hacia la mesita de noche y descubre algo como un cuchillo, y pasan los minutos y sabe que es un cuchillo, un cubierto plateado sobre la mesita de noche. El huevo se desvanece, mi cuerpo sobre la cama, y todo lo demás también, nos concentramos únicamente en la superficie de madera sobre la que está el cuchillo; entonces él, yo, todos, vemos algo más, hay un pequeño bulto detrás del cuchillo, el cuerpo de un animal pequeño. Primero descubrimos la silueta y después sus ojos, como dos semillas negras y brillantes. Me sorprende no haberlo visto antes, pues de pronto es como si los faros de un automóvil descubrieran su cuerpo a mitad de una carretera, y un segundo antes de arrollarlo vemos claramente: un ratoncito blanco sobre la mesa a un lado del cuchillo. Y a pesar de no haberme movido me paralizo ante esos ojos que me observan. Es demasiado tarde, mi corazón revive y vuelvo a sentir sus golpes violentos contra el pecho. El ratoncito parece sentirlos también y por un momento pareciera que se le eriza el pelo y contrae la nariz a pesar de tener la cabeza separada del cuerpo, y es como si mis latidos fueran suyos, y todos vemos cómo bajo su cuerpo, entre su cabeza y el cuerpo, comienza a crecer un pequeño charco de sangre sobre la superficie de la mesa.

Y yo, a pesar de verlo todo, mantengo los ojos cerrados, sé que al abrirlos despertaré y volverá a ser uno de esos días tan tristes.

(1 Vote)
Read 1013 times
Tagged under :